.JPG)
Un día de octubre 2007
Procuré vaciar la mochila de todo lo inservible, de toda vanidad y de todo deseo, pero es irremediable, vino conmigo todo aquello de lo que huía y todo lo que tu con tu insensatez despertaste. Es un largo camino el que lleva hasta el paraíso, es un camino que no deja huellas, para no volverlo a andar y tu no lo quisiste andar, o para que no te sigan, pero nos siguieron. Y nos recibió la tormenta ¿inevitable? Me hubiera dejado arrastrar por ella para que me guiara hasta los abismos, aquellos que ansiaba y anhelaba explorar, saciar y conquistar. Pero ya no hay piel para dibujar las estelas, esa, ya está marchita para mí, esa, ya busca otras costas mas accesibles y cálidas. Había preparado las mejores filigranas, las mejores caricias para esa piel que ahora me rehuye... ¡Que ilusa! Nunca cambiaré, tampoco es que quiera cambiar, no para mendigar... no para eso.
Una noche de octubre en el paraíso, en el claro de la luna.
Sé que está ahí, está ahí, la presiento, es la lucidez que siempre he escondido, la que me hace espontánea, la que me viene de dentro, esa desconocida. (Ahora las palabras me llevan a ti por que tú eres la palabra... y aunque a mi vuelta tu probablemente no estarás, te presiento a mi lado con mas fuerza que nunca... me has salvado del ostracismo, del abandono, probablemente de ahogarme en mi propio subconsciente, el que me enlentece, el que me paraliza.)
¡Me he perdido tantas cosas! Las palabras de un desconocido me hacen caer en la cuenta de todo lo que he ido dejando atrás cuando me arrastré por los demás... y huyo una vez mas y me refugio en ella:

No se podría definir como libertad, pero he sentido algo nuevo... y he ahogado algo viejo. Y encontré en uno de los bolsillos de mi mochila la etiqueta "compartir" pero ¿con quién? Y una vez mas esa no era la pregunta y ahí radica mi desequilibrio. Sí, es amable, placentero, incluso gratificante, encontrar alguien a tu lado dispuesto a compartir, por el mero hecho en si, sin futuros, sin compromisos, sin recompensas... encontrarse frente a frente a otro ser humano... y vivirse.
Una noche mas de octubre cualquiera en un lugar cualquiera.
Sin duda es la brisa, se cuela tan adentro y lo llena todo de azul, azul claro, azul oscuro, azul eléctrico, azul añil, azul, azul... Esta tarde el mar ha cambiado, ya las estelas se han desdibujado por completo y no me llevan al centro de tu abismo que ha quedado inexplorado, dormido, estéril. Ahora he de pulir mis remos y barnizar de azul mi barca y... navegar, que no vagar como hasta ayer. Aprenderé nuevas lenguas y estudiaré nuevos mapas, nuevas rutas, nuevos vientos y nuevos desafíos.
Azul, azul, azul salpicado de espuma salada... para no olvidar.
La tarde, en aquel lugar de azul...
Que extenuante navegar cuando el mar se resiste. Ni con el más hidrodinámico de los donhis podré ya navegar los mares ansiados tantas noches de insomnio, arropada sólo por ella, por su frío abrazo, blanco y escurridizo, mi luna, mi luna ya es azul y tu no estas en ella... me la robaron. Me deslizo por la superficie, los vientos son favorables, anuncian una buena travesía, pero el fracaso ya viene anunciado por las nubes y me sumerge de nuevo en los abismos, pero no en tu abismo, el que quería rociar de éxtasis, de lujuria, de pasión... me arrastra hasta el abismo del rencor y vuelvo a la superficie y ya no hay estelas, desaparecieron con la tormenta como los caminos del paraíso, para no volver a tu mar...
Por la tarde, cuando se alargan las sombras, hasta las del recuerdo.
Y quisiste pese a todos los augurios venir conmigo, pero traías puesta la venda del alado con arco, venias al paraíso pero tus ojos no lo vieron porque tus sentidos miraban ya el futuro. Nuestro presente marchito y rodeado de paraíso ¡que contradicción, que incongruencia, que desatino!
Que importa ya donde ni cuando.
Te he roto, me has roto, nos hemos roto... Tu te llevaras la sal y yo tu bondad, te llevaras el huracán y yo tu sonrisa, cuando recuerdes el paraiso solo veras tempestad por que yo ya le he robado el azul...